
Pedro Sánchez Sanz presenta ‘La oscuridad es líquida’
Pedro Sánchez Sanz presenta La oscuridad es líquidad (Juglar) en la Fundación Ory, acompañado por la poeta Julia Bellido. La actividad se llevará a cabo el sábado 14 de noviembre a partir de las 12:30 h en el Espacio Cultural Ancha 16.
Pedro Sánchez Sanz nace en Sevilla en 1970. Actualmente reside en Jerez de la Frontera, donde trabaja como profesor y cultiva en su tiempo libre el oficio de escritor, tanto en el género del relato como en el de la poesía.
La taza todavía está entera
Gira lentamente entre las manos. El humo asciende hacia los cristales y afuera podría haber helechos, una tarde sin acontecimiento, ese tiempo doméstico que parece no dejar memoria porque nada extraordinario sucede en él.
Pero las cosas conocen su caída antes que nosotros.
Algún día habrá tres pedazos en el suelo. Habrá que agacharse, tocar los bordes, decidir qué hacer con la grieta. Cerca, un cuerpo conservará otras señales: una cicatriz en el vientre, otra en la barbilla. Tampoco ellas pedirán desaparecer.
El agua sabe algo de todo esto.
Pasa alrededor de las piedras hasta modificar su superficie. Guarda sedimentos. Recibe la luz y la rompe. Un pez puede atravesar el cuerpo de quien mira; unas manos, al acercarse sobre el mar, adquirir el brillo breve de dos peces de plata. Nada permanece enteramente dentro de sus límites.
Quizá por eso el cristal aparece una y otra vez. Separa y permite ver. Conserva un nombre solo cuando la luz incide desde cierto lugar. Devuelve un rostro. Puede sostener un cielo y también la amenaza del trueno.
Al otro lado, alguien respira.
No hace falta saber todavía quién.
Hay una fotografía sobre una mesa. Hay un jacinto que empieza a inclinarse. En el bosque, los estorninos prestan movimiento a las ramas. Bajo tierra, unas raíces se encuentran sin haber aprendido ninguna palabra. Y en alguna habitación la taza, recompuesta, vuelve a recibir la luz sobre las líneas exactas de su fractura.
No ha recuperado su forma anterior.
Tiene otra.
La memoria trabaja así: no devuelve. Construye con aquello que consigue salvar. Una voz, una sombra, el gesto heredado de unas manos, la palidez de un año, el roce que persiste mucho después de haber desaparecido.
También el amor deja restos difíciles de clasificar. Un poco de mercurio en el espacio que separa dos cuerpos. Una corriente bajo la piel. Una luz que revela algo y enseguida cambia de ángulo.
Cuando llega la noche, el mundo no queda inmóvil.
La oscuridad empieza a moverse.
Y para escucharla hace falta silencio.
